En el entendido de que impulsar y profundizar el proceso de descolonización, representa “desplazamientos de grupos de poder; reconfiguración de fuentes de poder (…)” como lo señala el documento conclusivo del Primer Encuentro Departamental del proceso de Descolonización (2010:25), los medios de comunicación juegan un rol fundamental, toda vez que éstos han venido poniendo al descubierto, cada vez con más claridad, que son también actores políticos con una gran capacidad de incidencia en la opinión pública, lo que induce a dejarlos de mirar como entidades neutrales, sin posicionamientos ideológicos.

En el documento citado, se menciona la necesidad de que éstos “se deben convertir en actores sociales para esta transformación y dejar de concebirlos exclusivamente como instrumentos de difusión” (:26). Esta postura, amerita mirarlos desde una óptica más crítica, ya que, cada vez se advierte con mayor claridad una suerte de “monopolio de la comunicación política a manos de esta ‘nueva élite’ (político-mediática)” (Exeni: 2010: 21) que ha conducido a establecer  una “deformación”, en sentido de que estaríamos frente a una “democracia política con medios/partidos no democráticos”, que colocan a la ciudadanía (las audiencias) en calidad de espectadores, votantes y/o encuestados. Este peligro, es extensible a los partidos políticos, advierte Exeni.

Desde la posición de algunos grupos feministas “los medios muestran lógicas naturales y racionales para romperlas, eso significa desnudar al patriarca, y que ayuden en la sensibilización de la temática y animar a las mujeres a salir por los medios”, se seña en el Encuentro mencionado anteriormente.

Los medios de comunicación, como instituciones sociales (ya sean éstos públicos o privados) no estarían exentos ni debieran ser ajenos al proceso de descolonización que el Estado Plurinacional consigna como política. Sin embargo, la manera cómo éstos están comprendiendo este mandato constitucional, es la cuestión, y si lo han incorporado o no como proceso interno. No olvidemos que dicha política ha devenido en leyes que buscan hacer operativo dicho mandato, como ser la “Ley contra el Racismo y toda Forma de Discriminación”, entre otros instrumentos, que incluye expresamente una referencia específica a los medios de comunicación, con el propósito de prevenir todo acto de racismo y discriminación que se pudieran realizar desde ellos. Las preguntas que surges entonces son:  ¿Será éste el único instrumento y el más idóneo y suficiente como para eliminar las formas abiertas o encubiertas de discriminación y racismo que han estado presentes en algunos medios de comunicación, por décadas?, ¿no será que es necesario desarrollar políticas educativas complementarias a la Ley, destinadas a los trabajadores de medios de comunicación, que deriven en un cambio de actitud y comportamiento tendiente a lograr una comunicación descolonizadora?, y finalmente, ¿no será que la descolonización de y en los medios debiera trascender el ámbito de lo estrictamente ético y legal (regulación y autorregulación) para adentrarse al campo de la política, es su sentido más amplio y profundo?

Los medios de comunicación, entre sus funciones, tienen la de fijar “agenda”. Esta función tiene que ver con definir la prioridad de ciertos temas, con definir cuáles son lo temas que serán tomados en cuenta (agendados) y cuáles no, con el tratamiento que se le dará a los mismos, con los espacios y tiempos que destinará a éstos, y con la preminencia que se les dará a unos en desmedro de otros temas; entre otros aspectos. Pues bien, desde el punto de vista de una propuesta descolinizadora-despatriarcalizadora, estos elementos que definen la “agenda mediática”, deben ser considerados en un contexto signado por los intereses económicos particulares y adscripción política (abierta o encubierta) de cada medio, alejándonos así, de una visión positivista de la comunicación que considera a los medios como simples “transmisores objetivos” de una realidad también “objetiva”. Por el contrario, es imprescindible comprender que los medios de comunicación construyen realidades, según criterios de selección, jerarquización y formalización, mismos que, a partir de su develación y estudio, nos permiten confirmar la dirección y profundidad de la influencia en la opinión pública pretendida.